Hitler ensayando su puesta en escena frente al espejo. Me sentí muy decepcionado cuando, por segunda vez, me negaron el ingreso en la academia austriaca de Bellas Artes. Desde siempre había soñado con llegar a ser un gran pintor, al estilo de Vermeer o Arnold Böcklin. Pero para aquellos vejestorios de la academia, al parecer, mis pinturas no eran lo suficientemente buenas. Ni tan buenas ni tan malas; yo sólo quería completar mi formación pictórica, y ellos impidieron que alcanzase mi sueño.
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