No somos ni recuerdos
¿Dónde sus almas se esconden?
¿Tal vez algunos los vieron?
¿A dónde todos se fueron?
¿Al invocarles, responden?
Nuevos restos, frescas flores
sobre losas, apiladas,
y por tierras horadadas,
viejos restos, secas flores.
Camposanto, cautiverio,
el colofón de los muertos
bajo la tierra, cubiertos
de olvido, en el cementerio.
Calles angostas y mudas,
cruces frías de granito
por un espacio infinito
cargado de almas desnudas.
Allí quedan los finados,
atrás quedaron los rezos,
aquí quedan los adrezos
entre las sombras, aislados.
Al viento fueron los llantos,
nadie evoca a los difuntos,
ignorados, todos juntos,
cuando acaban los quebrantos.
Cabeza alta, como lerdos,
¿los dueños del universo
o el punto final de un verso?
¡No, no somos ni recuerdos!
De los muchos que existieron,
en la historia de los hombres,
quedan sólo algunos nombres
de todos cuantos vivieron.
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