I
En el principio fue la tormenta, tras ella vino la procesión de bandazos en el Océano de Ningunaparte; por último, en la hora de las nostalgias, tuvo lugar la arribada a la isla. Se pisó tierra y se cubrió el agotamiento con las pieles de una pantera, un león y una loba. Luego, bien pronto, se corrió tierra adentro.
Durante días, en el fragor de la supervivencia, se había perdido el rumbo; no se sabía dónde estaban, adónde les llevaba la tormenta ni qué orilla les habría de recibir.
No obst
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