Se paró más o menos a dos metros de la banca en la que yo estaba sentada y me miró tímidamente, sosteniendo una bolsa de bombones en la mano. No necesitó muchas palabras para hacerme entender que me pedía un poco de ayuda a cambio de un bombón, sin cruzar esa barrera invisible que lo mantenía a dos metros de mí. Se inclinaba, incluso, de la cintura para arriba, como acercándose sin dar un paso que infringiera esa distancia, pero trayendo hacia mí la parte superior de su cuerpo para asegurarse de
All rights reserved