“El universitario” y “la Malena”, como todos les llamaban por aquellos lares, hacían una buena pareja. No solo eran amantes, sino también unos estupendos cómplices en los negocios. El aportaba al tándem su innato aire de autoridad, sus conocimientos y su olfato para saber de dónde se podían sacar sustanciosas tajadas sin muchos riesgos con la ley y ella, por su parte, era el hermosísimo y sagaz halcón que vigilaba sus espaldas. Tonio, lejos de mantener a Malena al margen de sus actividades, co
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