UNA INCONTINENCIA FABULOSA
Mi abuela sufría una incontinencia que nadie se atrevía a nombrar. Desde niña, le sucedieron tantas desgracias que sus ojos se aficionaron a llorar y lloraba a todas horas, a toda máquina. Lloraba por sus recuerdos, por los horrores de la guerra, las enfermedades, el hambre. Lo que más alimentaba su llanto era la pérdida de sus hermanos, de sus padres, de sus calamidades vividas durante la guerra: desgracias que le llenaban el alma de tristeza.
Se ponía un mandil de
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