Le deseaba tanto como le odiaba; era algo que tenía que reconocer, muy a su pesar, cada vez que se quedaba a solas con sus recuerdos. Y como si fuera necesario, se excusaba ante sí misma pensando que no tenía nada que ver con ella, que era cosa de su cuerpo. Por eso cuando sintió su presencia cálida y varonil tras de ella supo que no sabría ni querría resistirse. Podía odiarle durante la vigilia, pero en ese sueño, frente al enorme espejo que desde aquella noche se le aparecía con frecuencia, de
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