El barco apareció sin un solo tripulante, fue acercándose al amarre, sigilosamente.
El mar estaba en calma y a lo lejos revoloteaban las gaviotas, impacientes y vigilantes, por si algún pez incauto se asomaba a la superficie.
Cuando tocó puerto, se detuvo con un discreto balanceo.
Nadie sabia porqué el capitán había abandonado su navío.
—Jaime!! Ven a comer y deja ya el barquito, que se enfria la comida!!
—Jolin mamá…ya voy….
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