Cuando un ángel y un demonio tienen hijos, se le considera traición. Y a la descendencia, seres indeseados.
Aricia, así la llaman, es una de ellas.
Vive a duras en Aokigarey, el mundo de los demonios. No conoce mucho de él, tampoco nada de Glowmors, el lugar donde habitan los ángeles, o de la Tierra, el ambiente de los humanos.
Aricia creció sabiendo que ella misma era un arma para los demonios y que podría acabar con todos los ángeles. Pero fue educada de buena manera, y sabe utilizar sus encantos cuando es necesario.
Y cuando se presenta una oportunidad para salir al mundo demoníaco, ella la toma.
Tal vez no fue la mejor decisión.
Tal vez no debería haber salido.
Tal vez no debería haber conocido a Dagon.
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