Imagen cortesía de Paul Kidby. © Todos los derechos reservados. El mundo no es redondo, sino plano. Plano y con forma de disco. Con un supercontinente en el interior y un gran océano alrededor cuyas aguas se vierten por el borde. Y reposa sobre los lomos de cuatro elefantes gigantes, a su vez erguidos sobre Gran A’Tuin, la Tortuga del Mundo, que mide 15.000 kilómetros y tiene el caparazón picoteado con cráteres de meteoritos. Esa, y no otra, es la verdadera constitución del mundo.
—¿Y qué es un
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