La lluvia golpeaba el cristal y nuestros cuerpos se acercaban más.
Sus manos danzaban por mi piel, y nuestros labios se rebelaban,
liberando las palomas, entonces, sí, pudieron volar.
Una conspiración de lluvia, noche y estrellas,
detuvo las manecillas del reloj, el silencio , chasquidos de besos,
vuelo inmortal en nuestro universo.
Soledad Robles 02/03/2011
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