- Nunca cedáis a esos chantajes. – recomendó Chaina a sus amigas por móvil, tiempo después, cuando el incidente ya había pasado pero todavía no estaba olvidado, desde luego no en su memoria. El castigo siguió en pie por bastante tiempo, le había anunciado su madre esa misma mañana antes de salir hacia el insti. Chaina recordaba las palabras: Ni sueñes salir este fin de semana. – Cuando vuestros padres insistan, mentid. Decid que tenéis un problema porque se os ha rota una uña, o algo así; algo que no tenga ninguna importancia. Como seáis tan idiotas para creeros que ellos quieren oír vuestros problemas de verdad, estáis perdidas. Os castigarán sin salir como a mí.
La conferencia telefónica costaría a su madre un ojo de la cara, pero que se joda. ¿No fue ella quien la había castigado sin salir? Después, pensaba aumentar el saldo con cien euros usando la tarjeta de crédito de su madre, sólo para joderla. Y cuando ella viniese a preguntarle, echa una furia, lo negaría todo. ¡Que se jodiese! ¡Por mamona! Tanto decirle… tanto tiempo vendiéndole eso de la comunicación, que podía confiar en ella pasara lo que pasara, que iba estar ahí, que ella también había sido joven…
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