Como una cucaracha atraída por un trozo de carne, así acudió al aroma que le traía el viento. Provenía del viejo quiosco del parque. Mientras caminaba, cerró los ojos. Era un perfume de los denominados baratos, pero le resultaba sin duda agradable. Flores blancas, jazmín, nardos...Notas verdes de bergamota y un fondo de sándalo. Sonrió. Vandervil. El perfume era Vandervil. Menos de diez euros el frasco, lanzado en mil novecientos ochenta y dos, si no recordaba mal y no lo hacía. Su cabeza estaba
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