El tío Frasquito, al acabar la guerra hizo fortuna. Aún recuerdo la coplilla alegre que nos entonaba, sonriendo con guasa, en las celebraciones familiares: «Mira si tengo talento, que he puesto una barbería, delante del ayuntamiento». Yo, por aquel entonces no lo entendía, pero me hacía mucha gracia la forma como movía la navaja barbera a la par que cantaba. Todos los primos nos desternillábamos de risa mientras mamá, muy seria, salía nerviosa y hacía tiempo en la cocina antes de volver...
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