De nuevo me nombro princesa
porque me espera
un fresco despertar.
Un amanecer lleno de siluetas
y corceles, de alegre trotar.
Un confín distraído
sobre un vuelo acróbata,
donde invento e imagino
y me permito jugar...
Como cuando era una infanta
y me sentía princesa,
en el ondular de mi mar.
De nuevo me siento maestresa,
en el adarve de mi alcázar,
donde reí y lloré,
donde me arropó la verdad.
La que empuja sin hacer daño,
la que me enseña,
que puedo ser abadesa en mi orar.
Cuerpo celeste en mi suelo,
milocha tras la altura
y transparente cristal.
Hoy me pongo el don de varonesa,
título, que nadie me arrebatará,
ejerceré con mi pluma,
en el gozo y en la adversidad.
Labores de viesa,
en alas de gorrión,
para poder gravitar.
Para siempre me injerto,
¡voy al altar!...
como dama y concubina,
de un poema sin patrón,
con carnet y alma,
en su estrada...
sus brotes armonizar.
Carmen Silza
Creative Commons Attribution 3.0