El ser humano es un animal asombroso, capaz de avances tales como Internet, gracias al cual ustedes pueden leer esto, y también capaz de aberraciones, véase la Inquisición, fruto de la intransigencia religiosa, o véase el Holocausto nazi, fruto de la intransigencia cientificista, o mejor dicho, fruto del cientificismo en sí, que, a mi parecer, ya recoge por defecto una connotación intransigente. Y es que en nuestro afán por ser superiores a algo, a lo que sea, esta es nuestra naturaleza y somos incapaces de neutralizarla, o quizá sí.
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