En el graznido del hielo y su azul embalsamado, sonreía ella entre plata y marfil, como un lucero abandonado, en la noche triste del cubil, la escarcha de su recuerdo me ha eclipsado. Clepsidras, diamantes, tormentas de nieve, y su cetro de glaciares contagiando, estalagmitas transparentes, en los sueños del Bóreas, voy perdido, naufragando, voy en picada, salpicando, su sangre de rubí. Auroras boreales, antorchas polares, el frío que sentí en sus brazos, su glaciación, fue un nevado desfile de
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