Caminas de noche, tacones sobre el asfalto,
la ciudad te juzga y se vuelve de mármol.
No es libre elección, es cadena invisible,
un trato firmado con miedo imposible.
Los ojos que pagan se lavan las manos,
consumen tu cuerpo, destruyen tus años.
Y nadie pregunta, y nadie se enreda,
el silencio del mundo es la herida que queda.
No hay deseo, hay abuso,
no hay placer, sólo excusas.
Los hombres sostienen la trampa brutal,
prostitución, nunca más.
Dicen que eliges, que es tu decisión,
pero callan la historia de la explotación.
Infancias robadas, promesas de hambre,
mercado de carne en la piel de la sangre.
El cliente se esconde tras un billete,
construye su infierno, destruye tu mente.
Y el sistema lo aplaude como normalidad,
pero el precio es el alma y la dignidad.
No es cultura, es violencia,
no es trabajo, es vergüenza.
Si lo paga un hombre no puede ser paz,
prostitución, nunca más.
Miran a otro lado, pero todos lo saben,
los que compran cuerpos no merecen la calle.
No es un secreto, es un crimen social,
y normalizarlo es dejarlo igual.
Que los hombres despierten del juego,
que no compren la piel ni el deseo.
Un mundo sin compra, un mundo real:
prostitución, nunca más.
Que despierte la verdad,
prostitución, nunca más.
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