David de la Red, más conocido en la Red como Alteregox, es youtuber e influencer. Desde su piso de la zona alta de Barcelona graba, edita y sube a Internet un nuevo vídeo cada pocos días. Con veinticuatro años de edad, cinco de carrera y más de diez millones de seguidores se ha consolidado como uno de los líderes mundiales en lengua castellana gracias a sus gameplays o partidas de videojuegos repletas de críticas al sistema, comentarios ácidos, tacos e insultos.
La tarde del 26 de julio del 2016 todo está preparado para emitir un nuevo vídeo en directo. Pero esa tarde Alteregox no se dispone a jugar a la última novedad del mercado, sino que va a anunciar algo que, según sus propias palabras, provocará un gran escándalo que salpicará a personas muy importantes de su sector. Mucha gente se ha concentrado desde diferentes puntos del planeta frente a sus pantallas de ordenador, móvil o tablet para atender al anuncio de Alteregox, esperando que la revelación cumpla con las expectativas generadas.
El youtuber inicia la emisión. Tras varios minutos de darle vueltas al asunto, David de la Red parece estar preparado para anunciar la tan esperada primicia. Es entonces cuando, sin previo aviso, un par de encapuchados aparecen en la habitación, le propinan una paliza y le acaban degollando, mientras la cámara sigue grabando y emitiendo el macabro espectáculo por todos los nodos de Internet. Un asesinato en directo y retransmitido en rigurosa primicia para todo el mundo.
Un poco más tarde, en un restaurante del centro de la ciudad el sargento de los mossos d’esquadra Héctor Gálvez intenta disfrutar de la cena frente a una mujer que ha conocido mediante la aplicación Tinder del teléfono móvil. Gálvez sabe que no está pasando por un buen momento vital. Para empezar hace tiempo que renunció al gran amor de su vida y sobrevive sin grandes expectativas, intentado atraer hacia sus sábanas a conquistas esporádicas que suelen acabar siendo meros parches en su corazón. En el trabajo, su anterior superior y referencia profesional se acaba de jubilar, su nuevo jefe no parece entender sus necesidades, y no se siente integrado entre la mayoría de sus compañeros. En definitiva, cree que se encuentra sumido en una mediocridad absoluta que le hará pasar por esta vida de forma tan anónima que incluso es muy posible que no deje ningún tipo de huella, ni siquiera en forma de hijos que perpetúen su legado genético. Quizás es tan solo la crisis de los cuarenta.
Mediado el segundo plato y cuando las perspectivas de tener un poco de acción se han ido consolidando, el teléfono móvil de Gálvez suena. Responde con desgana, pero al tratarse de una emergencia profesional no le queda más remedio que abandonar a su ligue en el restaurante y acudir de inmediato al piso de David de la Red. Mientras se dirige al lugar piensa que el mundo del crimen está entrando en una nueva dimensión, una dimensión potenciada por el anonimato que permite Internet. Aún no lo sabe, pero está equivocado: hace ya tiempo que cierto tipo de delincuentes campa a sus anchas por las redes digitales, sacando partido de sus fortalezas y explotando sus debilidades para prosperar en sus oscuros negocios.
Al llegar al piso de aquel pobre muchacho, uno de sus compañeros le advierte que las sorpresas no han hecho nada más que comenzar: el lugar está vacío, sin rastros de pelea, violencia o sangre. Eso sí, el chico ha desaparecido junto a su coche, un lujoso y muy caro deportivo de importación.
Evitando las injerencias de su nuevo jefe y obviando sus fantasmas personales y sus problemas de corazón, Héctor Gálvez deberá resolver el enigma de la desaparición de David de la Red, sin saber que el tiempo y las circunstancias le van a llevar por caminos insospechados, sobre todo a partir de que varios amigos del muchacho empiecen a caer asesinados con horribles mutilaciones durante las siguientes semanas.
Tinder, Meetic, Youtube, redes sociales, gameplays, Deep Web, postverdad, influencers, instagramers… Todos ellos conceptos desconocidos que Gálvez deberá entender a marchas forzadas mientras trata de resolver el caso con un pequeño grupo de colaboradores, a los que se sumará la presencia impuesta por su jefe de un miembro nuevo, misterioso y sobre todo, muy diferente a él.
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