En las profundidades yacía la bestia, allá donde no llega la luz. Sus tentáculos recorrían las montañas oceánicas, así como acariciaban el universo.
El diablo vendió su alma a un falsario, que llevaba traje de luces y corona de una sola punta. Se hacía llamar EL y era de su propia parentela.
Mi consejo para escritores: No seas escritor, se escriba de los dioses. Porque historias hay muchas, pero hados solo uno.
La realidad es un espejo de mi alma, pero, si es así, ¿por que solo veo belleza e
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