©Emilio Ramón-Suikawari
Quién me iba a decir que la contraseña para abrir sus puertas y compuertas era un verso robado. Que aquella poesía podría humedecer su seso y su orgullo, y desde la mía hacer brotar la suya como del cactus la flor de un día. Quién me iba a decir que desde su nombre rimaría hasta hacer bailar al diablo con la Madre María un rock. Que desde ella el tiempo se haría lento, y rápido y al principio desespero y no tiempo y solo ahora cual poema sin rima luego. De esos que dec
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