En uno de mis viajes por el basto universo, me sentí atraído
por el brillo azulado de aquel planeta.
Pensando en que estaría deshabitado, nada más lejos de la
realidad, habitaban unos extraños seres de piedra. Parecían adictos al
misterioso polvo del que se componía la superficie del planeta.
Uno de ellos se dio cuenta de mi presencia, se acercó hacia
mi con una lentitud casi hipnótica y decidí salir por patas.
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