Mariana Guillén Alcine entra a un teatro pleno de espectadores. La escenografía le causa interrogantes cuando se conjugan algunos signos del espectáculo con su propia realidad.
A medida que avanza la obra, el público, entre ellos Mariana, se sienten agradados cuando el drama es conjugado con la música nacional e internacional. Allí es cuando se inicia la armonía dentro de una escena rica en matices perturbadores, a veces inquietantes, emotivos y hasta humorísticos enlazados con entretelones de sombras. Es cuando el espectáculo se recrea entre líneas, guiones y sentimientos.
Lo que se observa en el universo escénico conduce al espectador para interpretar las diferencias entre la ficción y lo que se pudiese extrapolar a la realidad. Es una invitación a los lectores para sentirnos capaces de ver más allá de lo que todo el mundo ve. A descubrir en el cielo aparentemente calmo de nuestra sociedad, las posibles tormentas que se avecinan.
La obra mantiene la expectativa para aclarar los hechos y resolverlos. Salir de las sombras hacia la luz. La pluma de Mariana se deja llevar por su imaginación e intenta proyectar La Libertad.
Miriam C. Sosa Sequera
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