Una de las escenas mas bellas y conmovedoras que pueden darse en la naturaleza, suficiente para enternecer a cualquier persona que la observe y disponga de un mínimo de sensibilidad, es la del cuidado y delicadeza con que una hembra acoge en su seno a su cría, junto con la imagen de absoluta dependencia y desvalimiento de esta última, que halla en el contacto o inmediatez de la figura materna, naturalmente, su mayor gusto y la satisfacción de su más íntima —en ocasiones angustiosa— necesidad de
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