Observó silencioso los movimientos bulliciosos de la pequeña, sus chillidos infantiles le trepanaban los oídos pero extrañamente los adoraba.
Hubo un tiempo en que sólo escuchaba el sonido de las jaulas, los griteríos azuzando a sus compañeros en el combate, un tiempo en que se levantaba deseando que fuera el último día, un tiempo en que sus heridas le dejaban postrado de dolor, famélico y sediento.
Entonces ocurrió, pensó que ese día sería el más feliz de su vida, ahora era consciente de su s
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