Como cada tarde, con las horas de luz que me proporciona la Cádiz polinizadora de parques y plazas, que a estribor y a babor adornan murallas y balaustradas, paseo azarosamente por una cubierta de baldosas de arena y aceras saladas. Andar a paso decidido por la rosa de los vientos de mi destino, con el soñado objetivo del banco de los libros perdidos. Porque no hay nada más bello y misterioso que la lectura azarosa, encontrarse un libro no escogido de la biblioteca ambulante y generosa del paisaje gaditano. El solidario intercambio de la literatura abandonada, letras vagabundas que dan de comer cultura a las personas nunca encontradas. El misterioso componente causal que sitúa en tu camino una novela, el sentimiento muerto de un escritor que vuelve a cobrar vida cuando el lector le hace cobrar sentido. Cada tarde una sorpresa, a cada paso un verso y como fruto este libro de poemas.
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