Siguiendo un poco el hilo de mi última intervención, pienso en las sensaciones que algunos lugares nos producen.
Aunque soy persona de mar -no de barca ni de yate- sino de agua salada, de aquellas que dejan su mirada fija en el mar hasta que la emoción consigue aflorar las lágrimas si el momento, por su intimidad, lo permite. Ansío el día en que de nuevo las orillas sean libres de ser andadas, sentir otra vez el salitre en la piel, ese que el viajero, o uno mismo cuando viaja al interior, nota
All rights reserved