El otro día (siempre es el otro día) estuve reflexionando sobre qué es peor, un enfado o una decepción, y definitivamente llegué a la conclusión de que un enfado, por muy grande que sea, acaba por pasar, pero la decepción es mucho más profunda, simboliza un paso más allá del enfado, un grado más de la explosión que lo provocó. La decepción juega con la tristeza y tiene más probabilidades de quedarse dentro de ti, de jugar con tus neuronas y hacerse un hueco entre tu memoria, tu alma y tu estómag
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