La musa prohibida era...
La musa prohibida era, su aliento encendía la brasa, en los versos que el viento susurraba, se escondían los sueños que ella amaba.
En un jardín lleno de espejos, las palabras danzaban, ligeras, plantaban las sombras, reyes de un juego,
en donde los corazones al unísono cantaban.
Su mirada, un destello oculto, pintaba paisajes de sombras y luz, sus manos tejían relatos profundos, donde el amor se alzaba, aún en la cruz.
¡Prohibida! Decían, por el miedo, por la ley de los hombres, el frío, pero en su esencia había un secreto, la chispa de un cálido delirio.
Por cada suspiro que el tiempo acalla, la musa se alza, desafiante y libre, dibujando en el aire su belleza, como estrellas que nunca se quiebre.
En cada palabra que brota sin tregua, su risa resuena en la penumbra, la musa prohibida era, porque en su abrazo, el mundo se encumbra.
Así, en el eco de un verso eterno, la rebelde pasión florece sincera, por todo lo que es arte y deseo, la musa lo abraza, su corazón entrega.
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