Santiago (50) fue el creador de Juntos para siempre, la sitcom más exitosa de los 2000, basada en su propio matrimonio. Hoy es un ejecutivo de televisión desconectado de su vocación y atrapado en un matrimonio apagado con Mariela. Cuando le proponen adaptar la sitcom al teatro, acepta sin entusiasmo, mientras atraviesa una crisis existencial provocada por la repentina muerte de su mejor amigo, Gastón.
Para honrarlo, asiste a un retiro espiritual donde conoce a Rosario (37), una nutricionista ayurveda con quien siente una conexión inmediata. Convencido de que ella es su alma gemela “manifestada”, Santiago finge una espiritualidad que no tiene para acercarse a ella. Guiado por el espectro irónico de Gastón, construye una identidad zen que pronto se vuelve insostenible.
A medida que el vínculo con Rosario se profundiza, también crece su obsesión y su mentira. Cuando ella descubre el engaño, lo abandona. Santi colapsa, pero finalmente inicia una transformación real: cambia sus hábitos, reescribe la obra con sinceridad y toma decisiones profundas —se separa, renuncia a su cargo y se reconecta con su deseo de crear.
Cuando Rosario vuelve, lista para apostar por ese amor, Santiago ya no necesita concretarlo. Ambos comprenden que lo que los une es real, pero pertenece a otra dimensión. En el estreno de la obra, el público espera una comedia nostálgica y encuentra una pieza sobre el tiempo, el amor y la renuncia. La ficción se consuma. La vida, no. Y sin embargo, Santiago está, por fin, despierto.
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