Esta civilización conserva su maquinaria de obrar realidades, pero desmejorada, ocluida, su desarrollo enfermo como un dolor de estómago a las tres de la mañana. Por las grietas del amor se han ido deslizando urbanizaciones completas, ríos de tinta se han vertido hasta saciar la sed de los ególatras. Qué pura metamorfosis; burdeles y comisarías, farmacias y tiendas de ultramarinos, las mismas calles de la infancia dobladas como en un origami politécnico, esa papiroflexia montada de los universos
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