La única forma que conozco para caminar sobre las brasas sin quemarse es depositar la tacita de plata de la plena atención en el borde azucarado de la luna mientras se diluye en el mar de nubes de la noche. Las miradas al suelo, las maldiciones y las quejas, escupir hacia arriba, negar a Cristo como Pedro, empecinarme en ser oruga... convirtieron mil veces mis pasos en ceniza más sigo caminando por la flamígera cáscara de cobalto que da forma a la gravidez de horizontes que nos proyecta por la
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