Cuando Ester abrió los ojos aún era de noche. Allí estaba otra vez, a los pies de la cama; con su larga lengua —que paseaba por unos labios rugosos y húmedos— y los ojos fijos en ella, vigilando para saltarle encima. Contuvo la respiración e hizo lo que llevaba haciendo desde pequeña, desde que su […]
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