El relato que aquí se desarrolla no representa únicamente la historia de dos vidas en pareja. Es un espejo en el que muchos podrán reconocerse: mujeres y hombres que, por amor, ignoraron las señales; familias enteras que han sentido cómo el alcoholismo roba la alegría del hogar; e hijos que cargan las cicatrices invisibles de su infancia marcada por la ausencia y la violencia.
Hablar de amor y de alcoholismo es hablar de un viacrucis. No se trata únicamente de adicción, sino del laberinto en el que se mezclan la genética, las heridas familiares, la presión social, las pérdidas económicas y, sobre todo, la esperanza tenaz de que algún día todo cambiará.
No es un texto científico, aunque se apoye en verdades universales. Tampoco es un manual de psicoterapia, aunque despierte reflexiones profundas. Es, sobre todo, una historia contada con la intención de acompañar, de decirte, querido lector o lectora, “No estás solo o sola, tu dolor tiene voz, y tu esperanza también tiene camino”.
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