No tenía ni idea de cómo podía haber sucedido, pero así eran las cosas desde hacía un tiempo y se estaba haciendo duro.
El caso es que había aceptado un trabajo muy bien pagado que podía desempeñar a la perfección. En teoría, si todo salía como estaba previsto, solo se necesitaban nervios templados, redaños suficientes y cero capacidad de empatía con el “sujeto”. ¡Ni hecho a medida para él!
Al principio dormía a pierna suelta, estaba tranquilo, no tenía dudas. Tampoco era su primera vez. En
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