Centroeuropa, hacia 1835. Franz Schubert, musico de medio pelo, va por ahí haciendose pasar por el compositor del mismo nombre, fallecido unos años antes. Cansado de detenciones y multas por suplantación, iba a dejarlo cuando recibe la visita de su difunto tocayo. El credor del “Ave María” le propone interpretar todo aquello que su temprana muerte le impidió componer, pero que aun guarda en su memoria. Franz Schubert, el otro, acepta el trato; no obstante, ansioso de fama imperecedera, no tarda en dar a entender que toda aquella obra es suya. Al fin y al cabo él es Franz Schubert.
All rights reserved