Daniel Carter tiene esquizofrenia, o al menos eso lo que le dijeron en el manicomio cuando era niño. Él toma tantos medicamentos como su ánemico organismo se lo permite con tal de mantener a las temibles alucinaciones lejos de él, sin embargo, esto casi nunca funciona. Las criaturas oscuras siguen ahí, jamás se van. Luego de sacarlo del instituto psiquiátrico en el que se encontró hasta la edad de diez años, su tío y desde entonces tutor, Sam Carter ha hecho de todo porque su sobrino pueda tener una vida normal y reintegrarse a la sociedad. Sin embargo, no es tan sencillo. Con la ayuda de su mejor amiga, Eleonor, los tres están tratando de que Danny pueda llevar una vida tranquila y sanar completamente. Sin embargo, cuando un hombre joven llamado Tristán hace su aparición repentina en la vida de Daniel, este descubrirá que no todo es lo que aparentaba ser, ni siquiera sus seres queridos.
Esta no es una historia de guerras épicas ni mucho menos. Pese a lo que pueda parecer, aquí hay algo distinto que es más bien una analogía que trata sobre los temas más marginados en cuanto a la adolescencia. Porque los trastornos mentales son comunes y más reales que las páginas de este libro.
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