Pasó una semana y el estado de Ana no mejoró en absoluto, tampoco empeoró, así que todos seguían expectantes la evolución que les daban los médicos cada día. Los padres de Antonio, Miguel y Adela venían día sí y día no al hospital a pasar la tarde con Ana y su hijo. Justo esas mismas tardes que aprovechaba Josefa para hacer “sus cosas”, como ella misma decía. Eran unos padres muy comprensivos y acompañaban a Antonio en sus momentos bajos, en los que pensaba que Ana no volvería a despertar, con p
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