Escribo esto para ordenar mis propios recuerdos, encajar lo nuevo vívido y fresco que sucede en continuo presente, y tener esos momentos de que hacen ‘click’ cuando me doy cuenta de la conexión entre algunos eventos, esas relaciones aparentemente a priori sin conexión alguna, pero que tienen toda la naturalidad de estar sincronizados. Ésos ‘clicks’ son hermosos y me hacen sentir muy bien. Además, escribir me evita insistir en olvidar o tergiversar los hechos y lo que significaron.
Quizás hayan sido relatos que me hubiesen gustado tener a mano a mí mismo, incluso antes de saber siquiera que existían. Pero claramente no se encuentran estos hechos vitales leyéndolos como experiencias de terceros que así trazaron su mapa personal. Menos aún a priori.
Este relato está basado en hechos reales, y ficcionado a partir de éstos, para ser contado como un viaje de encuentro con conocimientos milenarios sobre el territorio mismo de nuestra Latinoamérica. Lo mismo ocurre con la línea cronológica, que se arma como un continuo secuencial de los hechos, sólo para darle un orden. Los personajes ficticios y las personas reales se mezclan en estas historias narradas.
Esta ‘Ruta de la Maga’ me recuerda lo que está vivo dentro de mí mismo.
Mi confesión personal sobre este proceso, es reconocer que a veces me resulta muy desalentador encontrarme con todo esto. ¿Qué es todo esto? Me pasa que coloco la llave y abro una puerta, y la catarata de cosas que surgen es imparable. Pareciera que no terminara nunca, que siempre hay más, e incluso conocer el lado oscuro, la sombra, la podredrumbre y basura social y personal es tan impactante. De esto específico escribo en la última parte (Parte III, “Cuatro Diablos”). Pero debo enfocarme, no olvidarme que también hay magia (Parte I, “Cuatro Magas”) y hay equilibro (Parte II, “Un Justiciero”). Escribir es mi terapia como otros pueden tocar el saxo, por ejemplo, o cultivar plantas medicinales en lo que será su magnífico jardín. Yo me conecto con libros, personas, relatos escritos y orales, hechos. Que me llevan a otros libros, personas, relatos y hechos. Así me encuentro. Así me conozco. Así me espanto. Así me conflictúo al encontrarme conmigo mismo, cuando me dejo distraer y pierdo mi foco, y eso me impide escribir, que para mí, es ordenar, es construir el conocimiento, desde lo social y lo individual, sin lo cual me perdería definitivamente, dado que mi memoria es paupérrima y no podría significar mi propio caminar. Escribo para no olvidarme, y cuando me distrae la tecnología, o los placeres de este maravilloso mundo material, me pierdo, me olvido, olvido a los otros, olvido a Lo Otro. Me enfermo. Es entonces que leo lo escrito… y recuerdo, y así todo empieza de nuevo, como en un juego.
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