Cautiva te vi, y así tú me dejarías,
desde el día en que te ofrecí un nuevo hogar
y hasta el día de hoy, que, con manos vacías,
me dejas a mi suerte, en mi propio mar.
Me has visto en mis mejores y peores días,
estabas al acostarme y al despertar,
y aunque es cierto que escapatoria no tenías,
tenías tu territorio particular.
Quisiera haberte visto engendrar alegrías,
las bellezas de tu descendencia admirar,
quizá no invité a las mejores compañías,
pero de amores qué nos vamos a contar
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