La tarde se precipita, cae a plomo. Ha alcanzado su momento álgido y ya solo puede rodar por la pendiente sin control, descender, estrellarse contra una noche que he de maldecir.
La puesta de sol se ha quedado hueca, muda, vacía; ningún sonido sale de su reloj y en los bolsillos de su tiempo no queda ninguna oportunidad para mí, para nosotros. He mantenido la esperanza hasta ahora, estúpidamente, pero ya no más.
Tus excusas me hacen daño, aunque luego tus besos me curen la herida y yo me esfue
Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0