Para cuando llegué al edificio de la señorita Colette, ya había sirenas de policía partiendo el firmamento con sus estridentes berridos. Afortunadamente, no me localizarían hasta que terminase con mi deber. De un salto, me bajé del coche. Con otro brinco, crucé la calle y atravesé el umbral de la puerta que, siendo relativamente temprano, … Seguir leyendo El caso de los libros, parte 16 →
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