Kevin es meticuloso, estructurado y adicto al control. Perla es espontánea, desordenada y
tiene una necesidad incontrolable de ayudar a los demás, incluso a costa de sí misma. Viven
juntos, se aman profundamente, pero su convivencia es una bomba de tiempo.
A lo largo de varios días y situaciones cotidianas —cenas, fiestas, trabajo, promesas rotas y
celulares que suenan cuando no deben— la relación comienza a fracturarse. Kevin se cansa
de sentirse solo estando acompañado. Perla se pierde en las vidas de otros hasta que se
olvida de la suya. Cuando él la necesita más que nunca, ella llega tarde… otra vez.
El quiebre es inevitable. Pero también lo es el despertar. Lo que sigue no es reconciliación,
sino redescubrimiento. Ambos personajes aprenderán que elegir la paz personal no siempre
significa renunciar al amor… pero a veces, sí.
All rights reserved