La característica común a todas las empresas que triunfan es tener clientes. Pueden tener millones de clientes o uno solo; pero tienen que tener clientes. También hacen falta buenos productos o servicios, una estructura de costes que permita rentabilizar con beneficios la venta de los productos o servicios a los clientes, etc. Pero si una empresa, por muy bueno que sea su producto, no es capaz de venderlo está destinada a desaparecer.
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