Quería llorar y no podía. Quería gritar pero la voz no le salía de la garganta, seca como si hubiese tragado arena. Apenas fueron unos instantes lo que estuvo allí parada, observándolos, pero a ella le parecieron siglos enteros. Cuando por fin consiguió que sus piernas obedecieran sus deseos, dio media vuelta y se lanzó a la carrera calle abajo. No tenía destino, solo buscaba aire fresco, poder respirar de nuevo, despertarse de ese mal sueño y comprobar que todo era mentira.
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En los
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