No debemos, aun pudiendo, dar explicaciones extensas o sofisticadas para que los niños las entiendan, al iniciar una narración que es exclusiva para estos minúsculos de estatura y edad seres humanos, como padres, abuelos o maestros, debemos adoptar un lenguaje sencillo, ameno e interesante para ellos.
En cada una de nuestras historias, se describirá una vida ejemplar, la que deberemos seguir como digna de replicar por los adultos, para que en ellas, leguemos el ejemplo para nuestros alumnos, hijos o nietos.
Seguirán ellos, con el buen o mal ejemplo que les dejemos. Además, lo trasmitirán a sus futuras generaciones.
El objetivo del “cuento”, éste trabajo literario, el cual retomé después de algunos años de mi participación en el “Premio Binacional Valladolid a las Letras” con “El Conejo y el Ratón”. Lo hago con gran satisfacción, para aportar un minúsculo grano de arena, que fomente en la niñez los valores, comenzando con el afecto y el respeto para los demás, que inculque en los niños una perspectiva para ver la vida de una manera positiva.
Cuentos con valores, los que dedico de manera muy especial a todos los niños, a los padres y abuelos, a los maestros y a todas las personas que sientan que conservan corazón y espíritu de niños.
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