Se siente tan extraño, como si gran parte de ti lo desgarraran de tu cuerpo
sin avisar. Se siente tan vacío como cuatro paredes blancas alumbradas por un
farolito, de madrugada en una sala de hospital.
Día a día me levanto con una ciudad entera dentro de mi estómago
manifestando y destruyendo todo como de lugar. Un poco más arriba,
en mi pecho, esta ese delicado y pequeño reino rojo al que le están jugando
un atentado, está débil, está quebrado, y duele cada nuevo golpe esperando
ser acomodado. Una reina de allí se ha ido, y ha dejado todo en un soplido.
Solo espero cada segundo y busco insaciablemente a esa reina, que con su
amor reconstruya mi nido, que forjemos ese reino y que la fuerza no permita
más un ataque despavorido.
Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0