Cuando nos convertimos en madres queremos ser la mejor en todo, una mamá perfecta. Quizás es porque es lo que vemos en la tele o en las revistas, tenemos ese «modelo» de la que todo lo hace bien, tiene la comida a punto, la ropa limpia, planchada y en su sitio. La casa en orden y con todo recogido. Una mamá que sale de punta en blanco de paseo y siempre va muy mona y con una sonrisa. Y que además, tiene un hijo perfecto.
No, yo no soy así. Creo que lo único que tengo de todo lo que he puesto a
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