Te llevo en mí
En el rincón más cálido y secreto del alma, permanece una sombra que no es ausencia sino latido suave, como el aroma de una rosa que se guarda en silencio cuando el sol se retira. No te fuiste del todo; quedaste en la melancolía que se adhiere como cristal quebrado, que aún roto conserva destellos de luz, de amor, de esa música que sólo el corazón puede escuchar.
Aunque el tiempo señala que se debe olvidar, el corazón sabe que el amor no muere: se refugia en la memoria, inexplicable pero vivo. El dolor, lejos de marchitarlo, se convierte en fe que ilumina; y el deseo, en un eco que multiplica la necesidad de pronunciar tu nombre, flor incorrupta que desafía el paso de las estaciones.
Eres acorde que se precipita desde lo hondo, arpegio que implora en la penumbra, mientras la aurora derrama su llanto por lo que aún guarda en el latir. El corazón, fiel, invita a permanecer. Y aunque el tiempo vuele sobre nosotros, efímero y fugaz, sigues anclado en mí, rozando mis desvelos, como quien encuentra eternidad en una sola caricia.
En cálido rincón del alma mía,
tu sombra late, quieta y silenciosa,
como un perfume tenue de esa rosa
que el viento guarda cuando el sol se enfría.
Te fuiste, sí; mas tu melancolía
quedó adherida al alma temblorosa,
como un cristal que, roto, ya reposa
de luz, de amor, de oculta melodía.
No olvida el corazón aunque lo indique,
porque el amor no muere, sólo habita
en la memoria aunque no se explique.
Porque el dolor se torna en fe bendita,
y aunque el anhelo las ansias multiplique
tu nombre es flor, que nunca se marchita.
Es el acorde que el alma precipita
cuando el arpegio del amor implora
mientras presiento el llanto de la aurora
que guarda aquello que en mi ser palpita.
Mi corazón invita.
Y aunque el tiempo es efímero en su vuelo
te llevo en mí, rasante en mi desvelo.
Aimée Granado Oreña ©️
Gota de Rocío Azul
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