La chica se paralizó cuando la mano helada del hombre se posó sobre su hombro desnudo. Él deslizó lentamente sus dedos por el tibio cuello de Lucía e hizo presión en la yugular. El sujeto cerró los ojos un momento y se mordió el labio inferior. La chica los observó horrorizada y su mandíbula se tenso. De pronto sintió como su ritmo cardiaco fue en descenso, los parpados le fueron pesando cada ves más y en el rostro distorsionado de aquel hombre podía ver una sonrisa malévola que le transmitía peligro. La mano del castaño viajo hasta la mejilla de Lucía y la acarició mientras la observaba de forma maliciosa.
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